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Mario Bagella

Mario Bagella es un joven viticultor sardo con 5 generaciones de herencia vitícola a sus espaldas, radicado en Sorso, un municipio del noroeste de la isla que da al magnífico Golfo de Asinara. Su habilidad radica en la capacidad de integrar los antiguos conocimientos artesanales con las modernas técnicas de transformación, con el único objetivo de dar voz al territorio y a su filosofía productiva. De hecho, Mario ve en el vino un noble medio para expresarse y compartir su visión.

Sorso se encuentra en Romangia, una zona vitivinícola de extraordinaria vocación, compuesta por colinas que forman un anfiteatro natural sobre el mar disfrutando de la constante presencia de brisas salinas. No es casualidad que los antiguos romanos eligieron colonizar primero esta área en toda Cerdeña, en parte por su actitud agrícola y en parte por su estratégica posición comercial. Los suelos son predominantemente de matriz calcárea, otro factor que contribuye a dar origen a uvas de excepcional calidad, y las variedades cultivadas por Mario Bagella son aquellas tradicionalmente difundidas en este único rincón de tierra, a saber, Cannonau, Cagnulari, Vermentino, Moscato, este último vinificado seco. Una vez alcanzada la madurez, los racimos se recogen a mano en cajas y luego se trasladan a la bodega donde tienen lugar las fermentaciones por acción de las levaduras indígenas. Todas las masas maduran exclusivamente en tanques de acero sobre las lías finas, con el fin de no desnaturalizar las características intrínsecas de la variedad y del territorio.

La gama de etiquetas propuestas por la bodega abarca diferentes tipos, como vinos blancos y tintos y vino naranja refermentado en botella según el Método Ancestral. En cada botella se puede percibir el aliento del mar y la vegetación mediterránea que salpica las colinas, así como toda la riqueza y generosidad expresivas que esta noble tierra confiere. Porque Mario quiere que el vino sea una fotografía del territorio y la representación del trabajo diario del viticultor.

Mario Bagella es un joven viticultor sardo con 5 generaciones de herencia vitícola a sus espaldas, radicado en Sorso, un municipio del noroeste de la isla que da al magnífico Golfo de Asinara. Su habilidad radica en la capacidad de integrar los antiguos conocimientos artesanales con las modernas técnicas de transformación, con el único objetivo de dar voz al territorio y a su filosofía productiva. De hecho, Mario ve en el vino un noble medio para expresarse y compartir su visión.

Sorso se encuentra en Romangia, una zona vitivinícola de extraordinaria vocación, compuesta por colinas que forman un anfiteatro natural sobre el mar disfrutando de la constante presencia de brisas salinas. No es casualidad que los antiguos romanos eligieron colonizar primero esta área en toda Cerdeña, en parte por su actitud agrícola y en parte por su estratégica posición comercial. Los suelos son predominantemente de matriz calcárea, otro factor que contribuye a dar origen a uvas de excepcional calidad, y las variedades cultivadas por Mario Bagella son aquellas tradicionalmente difundidas en este único rincón de tierra, a saber, Cannonau, Cagnulari, Vermentino, Moscato, este último vinificado seco. Una vez alcanzada la madurez, los racimos se recogen a mano en cajas y luego se trasladan a la bodega donde tienen lugar las fermentaciones por acción de las levaduras indígenas. Todas las masas maduran exclusivamente en tanques de acero sobre las lías finas, con el fin de no desnaturalizar las características intrínsecas de la variedad y del territorio.

La gama de etiquetas propuestas por la bodega abarca diferentes tipos, como vinos blancos y tintos y vino naranja refermentado en botella según el Método Ancestral. En cada botella se puede percibir el aliento del mar y la vegetación mediterránea que salpica las colinas, así como toda la riqueza y generosidad expresivas que esta noble tierra confiere. Porque Mario quiere que el vino sea una fotografía del territorio y la representación del trabajo diario del viticultor.

Mario Bagella
Entusiasmo, competencia y amor por su tierra