Miotti Firmino
Firmino Miotti es un viticultor auténtico, activo desde hace más de 70 años en Breganze, en el corazón vinícola pulsante de la provincia de Vicenza. Asumió desde muy joven las riendas de la bodega familiar en los años 50, tras la prematura desaparición de su padre, y, en décadas de actividad, ha contribuido de manera significativa a la valorización del territorio, convirtiéndose en un punto de referencia para tantas generaciones. Hoy Firmino sigue ocupándose de los viñedos, con la conciencia de que la viticultura es “un arte que requiere una escrupulosa atención y una total dedicación”, mientras que su hija Franca es la responsable de la bodega. De esta sinergia familiar nace una de las producciones más interesantes de Veneto que incluye, además del célebre Torcolato de Breganze y las interpretaciones de variedades internacionales, variedades antiguas y olvidadas como la Gruaia, el Pedevendo y la Marzemina Bianca, que de otro modo se habrían perdido en el tiempo.
La bodega Firmino Miotti siempre ha estado ligada a las antiguas tradiciones vinícolas del territorio de Breganze, un pueblo de poco más de 8.000habitantes situado en una colina de origen volcánico. Los viñedos familiares, situados en el corazón de la denominación de Breganze, están arraigados en tierras rojas con rocas volcánicas y basálticas. Las vides se cultivan en cordón speronato y en guyot y tienen una edad comprendida entre 20 y 70 años. En este lugar las tradiciones del territorio se fusionan con las de la familia Miotti que ha contribuido a moldear y valorizar en tantos años de trabajo apasionado.
Los vinos de Firmino Miotti son testigos autorizados y rigurosos del terroir de Breganze. La producción limitada pero muy diversificada está encabezada por el célebre Torcolato. Los vinos tintos se vinifican en acero tras un breve paso por el secado de las uvas, maduran en barricas de roble y son capaces de expresarse con gran carácter, especialmente después de años de afinamiento en botella. Tienen profundidad y armonía, siempre bien medidos incluso en sus particularidades más auténticas, como por ejemplo las del Gruajo, caracterizado por una cierta rudeza que no podrá dejar de apasionar a los amantes de los vinos artesanales y territoriales.
Firmino Miotti es un viticultor auténtico, activo desde hace más de 70 años en Breganze, en el corazón vinícola pulsante de la provincia de Vicenza. Asumió desde muy joven las riendas de la bodega familiar en los años 50, tras la prematura desaparición de su padre, y, en décadas de actividad, ha contribuido de manera significativa a la valorización del territorio, convirtiéndose en un punto de referencia para tantas generaciones. Hoy Firmino sigue ocupándose de los viñedos, con la conciencia de que la viticultura es “un arte que requiere una escrupulosa atención y una total dedicación”, mientras que su hija Franca es la responsable de la bodega. De esta sinergia familiar nace una de las producciones más interesantes de Veneto que incluye, además del célebre Torcolato de Breganze y las interpretaciones de variedades internacionales, variedades antiguas y olvidadas como la Gruaia, el Pedevendo y la Marzemina Bianca, que de otro modo se habrían perdido en el tiempo.
La bodega Firmino Miotti siempre ha estado ligada a las antiguas tradiciones vinícolas del territorio de Breganze, un pueblo de poco más de 8.000habitantes situado en una colina de origen volcánico. Los viñedos familiares, situados en el corazón de la denominación de Breganze, están arraigados en tierras rojas con rocas volcánicas y basálticas. Las vides se cultivan en cordón speronato y en guyot y tienen una edad comprendida entre 20 y 70 años. En este lugar las tradiciones del territorio se fusionan con las de la familia Miotti que ha contribuido a moldear y valorizar en tantos años de trabajo apasionado.
Los vinos de Firmino Miotti son testigos autorizados y rigurosos del terroir de Breganze. La producción limitada pero muy diversificada está encabezada por el célebre Torcolato. Los vinos tintos se vinifican en acero tras un breve paso por el secado de las uvas, maduran en barricas de roble y son capaces de expresarse con gran carácter, especialmente después de años de afinamiento en botella. Tienen profundidad y armonía, siempre bien medidos incluso en sus particularidades más auténticas, como por ejemplo las del Gruajo, caracterizado por una cierta rudeza que no podrá dejar de apasionar a los amantes de los vinos artesanales y territoriales.





