Pennac Emilia
Desde 2010, Emilia Pennac ofrece expresiones espontáneas y originales con un irresistible estilo funky, realizadas dentro del pequeño municipio de Torrazza Coste, en la provincia de Pavía. Detrás de esta realidad artesanal lombarda está el amor y la sensibilidad de Silvia Giani, propietaria y viticultora que ama definir su bodega como “biodiversa”. La pasión por el mundo vitivinícola le fue transmitida por su padre en los años ’70, cuando, exactamente en 1972, él plantó medio hectárea de Bonarda, inicialmente destinada al autoconsumo. Sin embargo, a lo largo de los años, lo que comenzó como una simple pasión se transformó en algo más y, en ese período, Silvia ya aprendió a controlar las fermentaciones espontáneas, realizando vinos auténticos sin recurrir a artificios enológicos. En 2010, después de una serie de experiencias en otros lugares, asumió el control de la bodega, comprando nuevas hectáreas sin renunciar a la artesanalidad, que de hecho se convirtió en un credo aún más fuerte.
Las 12 hectáreas de viñedos de Emilia Pennac están distribuidas en 16 parcelas diferentes, heterogéneas desde el punto de vista del suelo, de la altitud y de la exposición. Las variedades cultivadas, numerosas y diferenciadas por características, son: Cortese, Riesling Renano, Pinot Grigio, Moscato y Chardonnay en lo que respecta a las uvas blancas, Croatina, Barbera, Pinot Nero y Uva Rara entre las variedades de uva tinta. El principio en torno al cual gira toda la producción es el de la biodiversidad. Siguiendo este noble valor, en el campo se adoptan prácticas agronómicas como el abono verde y el acolchado, minimizando al mismo tiempo las intervenciones fitosanitarias gracias al uso de productos naturales destinados a favorecer la autodefensa de las plantas. En la bodega, las fermentaciones se llevan a cabo exclusivamente con levaduras autóctonas y no se realiza ninguna filtración de las masas.
Silvia, asistida por su marido Jacopo, produce solamente 10.000 botellas al año. Etiquetas de tipología muy diversificada, que van desde los “clásicos” vinos blancos y tintos tranquilos hasta dinámicos e irresistibles refermentados en botella, pasando por intrigantes vinos naranjas.
Desde 2010, Emilia Pennac ofrece expresiones espontáneas y originales con un irresistible estilo funky, realizadas dentro del pequeño municipio de Torrazza Coste, en la provincia de Pavía. Detrás de esta realidad artesanal lombarda está el amor y la sensibilidad de Silvia Giani, propietaria y viticultora que ama definir su bodega como “biodiversa”. La pasión por el mundo vitivinícola le fue transmitida por su padre en los años ’70, cuando, exactamente en 1972, él plantó medio hectárea de Bonarda, inicialmente destinada al autoconsumo. Sin embargo, a lo largo de los años, lo que comenzó como una simple pasión se transformó en algo más y, en ese período, Silvia ya aprendió a controlar las fermentaciones espontáneas, realizando vinos auténticos sin recurrir a artificios enológicos. En 2010, después de una serie de experiencias en otros lugares, asumió el control de la bodega, comprando nuevas hectáreas sin renunciar a la artesanalidad, que de hecho se convirtió en un credo aún más fuerte.
Las 12 hectáreas de viñedos de Emilia Pennac están distribuidas en 16 parcelas diferentes, heterogéneas desde el punto de vista del suelo, de la altitud y de la exposición. Las variedades cultivadas, numerosas y diferenciadas por características, son: Cortese, Riesling Renano, Pinot Grigio, Moscato y Chardonnay en lo que respecta a las uvas blancas, Croatina, Barbera, Pinot Nero y Uva Rara entre las variedades de uva tinta. El principio en torno al cual gira toda la producción es el de la biodiversidad. Siguiendo este noble valor, en el campo se adoptan prácticas agronómicas como el abono verde y el acolchado, minimizando al mismo tiempo las intervenciones fitosanitarias gracias al uso de productos naturales destinados a favorecer la autodefensa de las plantas. En la bodega, las fermentaciones se llevan a cabo exclusivamente con levaduras autóctonas y no se realiza ninguna filtración de las masas.
Silvia, asistida por su marido Jacopo, produce solamente 10.000 botellas al año. Etiquetas de tipología muy diversificada, que van desde los “clásicos” vinos blancos y tintos tranquilos hasta dinámicos e irresistibles refermentados en botella, pasando por intrigantes vinos naranjas.


