Tenuta Vincenzo Nardone
La Tenuta Vincenzo Nardone nace por la voluntad del agrónomo Vincenzo, que en su tierra natal comienza a plantar las variedades autóctonas con la visión de realizar vinos de manera autónoma. La generación siguiente está representada por el volcánico Nicola, su hijo, que en 2004 toma las riendas de la bodega para llevarla hacia horizontes extremadamente personales. Perdidamente enamorado de su tierra y prácticamente crecido en la viña, decide asistir a la facultad de viticultura y enología nada menos que en Burdeos, patria de esos vinos aristocráticos, refinados y millonarios contra los que, una vez regresado a su patria, se lanzará de manera decidida, al grito de “el vino está hecho para ser bebido”. La búsqueda constante de la experimentación es la bandera que lo representa mejor, en claro contraste con el inamovible rigor de la tradición.
Tenuta Vincenzo Nardone es una pequeña realidad situada en Venticano, en la provincia de Avellino, en pleno de ese territorio históricamente dedicado a la viticultura que representa Irpinia: el área del Appennino campano que ya autores clásicos del calibre de Plinio el Viejo, Catón y Virgilio tenían en suma consideración por el superlativo blanco que allí se producía. Nicola Nardone cultiva las uvas típicas de esta tierra: Greco, Coda di Volpe, Falanghina y Aglianico, en un contexto natural variado y superlativo, compuesto por olivares y árboles frutales, además de los tradicionales pastos herbáceos. Las viñas se encuentran en dos áreas distintas: Venticano, en proximidad de la bodega, en una zona llana constituida por campos cultivados, con altitudes alrededor de 250/300 metros; Santa Paolina, a pocos kilómetros más al oeste, verdadera capital de la variedad Greco y rodeada de densos bosques, con altitudes que alcanzan los 500 metros sobre el nivel del mar. Los suelos son fundamentalmente de naturaleza arcillosa, rojos y compactos, con notables injerencias calcáreas y un esqueleto difuso formado por guijarros. En la Tenuta se persigue una filosofía lo más cercana posible a la naturaleza, rechazando el uso de productos químicos de síntesis y trabajando completamente a mano.
intentar transmitir en las botellas toda la identidad del territorio, en la línea de la palabra clave innovación. Las etiquetas realizadas son las más diversas, por tipología y materiales utilizados: desde los refermentados obtenidos de uvas blancas o de Aglianico, hasta los tintos en pureza, pasando por los blancos vinificados en barrica. Lo importante es actuar en el respeto del paisaje y de las uvas, sin conceder espacio a la química ni a manipulaciones innecesarias.La Tenuta Vincenzo Nardone nace por la voluntad del agrónomo Vincenzo, que en su tierra natal comienza a plantar las variedades autóctonas con la visión de realizar vinos de manera autónoma. La generación siguiente está representada por el volcánico Nicola, su hijo, que en 2004 toma las riendas de la bodega para llevarla hacia horizontes extremadamente personales. Perdidamente enamorado de su tierra y prácticamente crecido en la viña, decide asistir a la facultad de viticultura y enología nada menos que en Burdeos, patria de esos vinos aristocráticos, refinados y millonarios contra los que, una vez regresado a su patria, se lanzará de manera decidida, al grito de “el vino está hecho para ser bebido”. La búsqueda constante de la experimentación es la bandera que lo representa mejor, en claro contraste con el inamovible rigor de la tradición.
Tenuta Vincenzo Nardone es una pequeña realidad situada en Venticano, en la provincia de Avellino, en pleno de ese territorio históricamente dedicado a la viticultura que representa Irpinia: el área del Appennino campano que ya autores clásicos del calibre de Plinio el Viejo, Catón y Virgilio tenían en suma consideración por el superlativo blanco que allí se producía. Nicola Nardone cultiva las uvas típicas de esta tierra: Greco, Coda di Volpe, Falanghina y Aglianico, en un contexto natural variado y superlativo, compuesto por olivares y árboles frutales, además de los tradicionales pastos herbáceos. Las viñas se encuentran en dos áreas distintas: Venticano, en proximidad de la bodega, en una zona llana constituida por campos cultivados, con altitudes alrededor de 250/300 metros; Santa Paolina, a pocos kilómetros más al oeste, verdadera capital de la variedad Greco y rodeada de densos bosques, con altitudes que alcanzan los 500 metros sobre el nivel del mar. Los suelos son fundamentalmente de naturaleza arcillosa, rojos y compactos, con notables injerencias calcáreas y un esqueleto difuso formado por guijarros. En la Tenuta se persigue una filosofía lo más cercana posible a la naturaleza, rechazando el uso de productos químicos de síntesis y trabajando completamente a mano.
intentar transmitir en las botellas toda la identidad del territorio, en la línea de la palabra clave innovación. Las etiquetas realizadas son las más diversas, por tipología y materiales utilizados: desde los refermentados obtenidos de uvas blancas o de Aglianico, hasta los tintos en pureza, pasando por los blancos vinificados en barrica. Lo importante es actuar en el respeto del paisaje y de las uvas, sin conceder espacio a la química ni a manipulaciones innecesarias.

