Cascina Bruciata
La realidad vitivinícola piemontesa Cascina Bruciata está indisolublemente ligada al territorio de Barbaresco, en particular a la zona de Rio Sordo, un cru situado en el lado sur del municipio de Barbaresco. La historia de la bodega comenzó en 1880, año en el que Giovanni Balbo compró la casa rural que había sido destruida por un incendio, de ahí el nombre de Cascina Bruciata. Fue durante los años 50 del siglo pasado que la finca tomó una dirección puramente vitivinícola, mientras que para la definitiva consagración cualitativa hubo que esperar el inicio del nuevo milenio, cuando Carlo Balbo, descendiente del fundador Giovanni, comercializó las primeras botellas. En 2016, la bodega fue adquirida por la familia Abbona, ya propietaria de la conocida realidad langarola Marchesi di Barolo, que ha tenido el mérito de mantener el estatus de pequeña bodega familiar sin desnaturalizar su identidad.
Las hileras de propiedad de la finca Cascina Bruciata, que ocupan una superficie total de poco más de 6 hectáreas, están reservadas exclusivamente para las variedades tradicionales de las Langhe, es decir, Barbera, Dolcetto, Freisa y, sobre todo, Nebbiolo, rey indiscutible de la zona de Barbaresco. Los viñedos, conducidos observando prácticas sostenibles, culminadas con la certificación orgánica obtenida en 2015, llegan hasta 300 metros de altitud y se asientan sobre suelos constituidos principalmente por margas calcáreas y arcillosas. Como recipientes vinarios para las fermentaciones se utilizan tanto tanques de acero inoxidable como barricas de madera, mientras que los largos envejecimientos de los Barbaresco tienen lugar en barricas de roble.
El Barbaresco representa sin lugar a dudas el vino más representativo de Cascina Bruciata, declinado en diferentes etiquetas que expresan tanto el carácter de los cru de procedencia como la sublime elegancia y el encanto común a toda la denominación. Entre los cru, el histórico de la bodega es el ‘Rio Sordo’, Mención Geográfica Adicional de gran prestigio que primero la familia Balbo y luego la familia Abbona siempre han sabido valorar adecuadamente, produciendo un vino de cuerpo pero al mismo tiempo muy refinado.
La realidad vitivinícola piemontesa Cascina Bruciata está indisolublemente ligada al territorio de Barbaresco, en particular a la zona de Rio Sordo, un cru situado en el lado sur del municipio de Barbaresco. La historia de la bodega comenzó en 1880, año en el que Giovanni Balbo compró la casa rural que había sido destruida por un incendio, de ahí el nombre de Cascina Bruciata. Fue durante los años 50 del siglo pasado que la finca tomó una dirección puramente vitivinícola, mientras que para la definitiva consagración cualitativa hubo que esperar el inicio del nuevo milenio, cuando Carlo Balbo, descendiente del fundador Giovanni, comercializó las primeras botellas. En 2016, la bodega fue adquirida por la familia Abbona, ya propietaria de la conocida realidad langarola Marchesi di Barolo, que ha tenido el mérito de mantener el estatus de pequeña bodega familiar sin desnaturalizar su identidad.
Las hileras de propiedad de la finca Cascina Bruciata, que ocupan una superficie total de poco más de 6 hectáreas, están reservadas exclusivamente para las variedades tradicionales de las Langhe, es decir, Barbera, Dolcetto, Freisa y, sobre todo, Nebbiolo, rey indiscutible de la zona de Barbaresco. Los viñedos, conducidos observando prácticas sostenibles, culminadas con la certificación orgánica obtenida en 2015, llegan hasta 300 metros de altitud y se asientan sobre suelos constituidos principalmente por margas calcáreas y arcillosas. Como recipientes vinarios para las fermentaciones se utilizan tanto tanques de acero inoxidable como barricas de madera, mientras que los largos envejecimientos de los Barbaresco tienen lugar en barricas de roble.
El Barbaresco representa sin lugar a dudas el vino más representativo de Cascina Bruciata, declinado en diferentes etiquetas que expresan tanto el carácter de los cru de procedencia como la sublime elegancia y el encanto común a toda la denominación. Entre los cru, el histórico de la bodega es el ‘Rio Sordo’, Mención Geográfica Adicional de gran prestigio que primero la familia Balbo y luego la familia Abbona siempre han sabido valorar adecuadamente, produciendo un vino de cuerpo pero al mismo tiempo muy refinado.



