Cinque Campi
Cinque Campi toma su nombre de una parcela histórica, que se ha transmitido de padre a hijo durante más de 200 años en las primeras colinas a los pies del Appennino Reggiano. Aquí, en Puianello di Quattro Castella, Vanni Nizzoli promueve esta tradición ancestral que ya no está dirigida al núcleo doméstico, sino al mundo. Al principio, Vanni producía vino en damajuanas para distribuir a los vecinos del pueblo, pero luego, desde 2003, comienza a producir las primeras botellas. Siempre con una gestión sostenible, practicada desde siempre pero formalizada en los últimos años. En 2005 comienza un importante trabajo de recuperación y replantación de variedades autóctonas, que transforma Cinque Campi en un bastión de biodiversidad ampelográfica reggiana.
Los viñedos de Cinque Campi se distribuyen en cuatro parcelas: Cinquecampi, Le Marcone, Botteghe y La Bora Lunga. Todas están expuestas en diferentes direcciones, en suelos franco-arcillosos ricos en limo. Aquí crecen variedades autóctonas como Malbo Gentile, Spergola y Lambrusco Grasparossa, acompañadas de Marzemino, Carmenere y Moscato. La gestión es completamente manual y biológica, guiada por una filosofía ecológica y sistémica por la cual cada ser vivo forma parte de un equilibrio natural, que no debe ser alterado. Un ejemplo claro es una cepa de Spergola de más de 120 años, de la cual se han propagado muchos viñedos en la provincia. En la bodega, largas maceraciones en cubas abiertas de roble, remontajes diarios y prensado en prensa vertical completan un proceso deliberadamente no invasivo.
En los vinos de Cinque Campi se reconoce inmediatamente la huella de un territorio preciso y de una mano que nunca fuerza la materia. Hay una rusticidad noble que atraviesa toda la gama, hecha de fruta íntegra, nervio sabroso y una vitalidad que es una firma estilística inconfundible. Los blancos, fermentados con las pieles sin control de temperatura, muestran una textura táctil, mientras que los tintos, fruto de generosas maceraciones, tienen cuerpo y carácter sin perder en bebibilidad. El autóctono reggiano como única respuesta posible.
Cinque Campi toma su nombre de una parcela histórica, que se ha transmitido de padre a hijo durante más de 200 años en las primeras colinas a los pies del Appennino Reggiano. Aquí, en Puianello di Quattro Castella, Vanni Nizzoli promueve esta tradición ancestral que ya no está dirigida al núcleo doméstico, sino al mundo. Al principio, Vanni producía vino en damajuanas para distribuir a los vecinos del pueblo, pero luego, desde 2003, comienza a producir las primeras botellas. Siempre con una gestión sostenible, practicada desde siempre pero formalizada en los últimos años. En 2005 comienza un importante trabajo de recuperación y replantación de variedades autóctonas, que transforma Cinque Campi en un bastión de biodiversidad ampelográfica reggiana.
Los viñedos de Cinque Campi se distribuyen en cuatro parcelas: Cinquecampi, Le Marcone, Botteghe y La Bora Lunga. Todas están expuestas en diferentes direcciones, en suelos franco-arcillosos ricos en limo. Aquí crecen variedades autóctonas como Malbo Gentile, Spergola y Lambrusco Grasparossa, acompañadas de Marzemino, Carmenere y Moscato. La gestión es completamente manual y biológica, guiada por una filosofía ecológica y sistémica por la cual cada ser vivo forma parte de un equilibrio natural, que no debe ser alterado. Un ejemplo claro es una cepa de Spergola de más de 120 años, de la cual se han propagado muchos viñedos en la provincia. En la bodega, largas maceraciones en cubas abiertas de roble, remontajes diarios y prensado en prensa vertical completan un proceso deliberadamente no invasivo.
En los vinos de Cinque Campi se reconoce inmediatamente la huella de un territorio preciso y de una mano que nunca fuerza la materia. Hay una rusticidad noble que atraviesa toda la gama, hecha de fruta íntegra, nervio sabroso y una vitalidad que es una firma estilística inconfundible. Los blancos, fermentados con las pieles sin control de temperatura, muestran una textura táctil, mientras que los tintos, fruto de generosas maceraciones, tienen cuerpo y carácter sin perder en bebibilidad. El autóctono reggiano como única respuesta posible.










