San Giovenale
San Giovenale se encuentra en la maravillosa región de la Tuscia, embellecida por antiguos y maravillosos paisajes donde aún se respira la fuerte cultura etrusca de la que toma su nombre. Blera, un pequeño y característico pueblo rodeado por el campo remoto, acoge esta bodega casi incorporándola en su abrazo verde. El norte del Lazio, con sus poéticos paisajes que van desde las olas del Mar Tirreno hasta las colinas vitícolas y las montañas, inspira fuertemente al viticultor Marco Casolanetti que, tras la experiencia marchigiana de la Oasi degli Angeli, decide aplicar su filosofía productiva a las tierras de la provincia de Viterbo. La unión entre belleza y sentimiento es el motor que inspira esta bodega con una fuerte inclinación biológica, que tiene el firme objetivo de salvaguardar el territorio y sus viñedos.
San Giovenale cultiva sus Cabernet Franc, Grenache, Sirah y Carignan en suelos con una fuerte componente arcillosa, criándolos en forma de vaso, siguiendo la tradición agrícola que trajo estas vides de España y Francia. Un aspecto digno de mención es la densidad de plantación altísima que lleva a las plantas a un rendimiento bastante bajo en beneficio de la calidad y riqueza de sustancias útiles en fermentación. En el campo se utiliza exclusivamente agua de manantial y productos vegetales, para la salud de las plantas. Las fermentaciones ocurren espontáneamente y todas las etiquetas salen de la bodega después de haber pasado al menos 20 meses en barricas nuevas. La gran atención por el medio ambiente se traduce concretamente en una serie de soluciones de bajo impacto ambiental en la fase productiva, para lograr una sustancial conservación de la energía y sin el uso de combustibles fósiles.
La fuerte personalidad de los tintos de San Giovenale es identificable en la potencia del fruto, con sus efusiones de frutos del bosque en almíbar o en aguardiente y las notas dulces de pasificación, junto a la especiatura leñosa, en un cuerpo cálido, agradable y los taninos acariciantes que caracterizan sus etiquetas. Es una copa que nos transporta en un viaje a través del espacio, en un sorbo parece que estamos en un pueblo etrusco, rodeados por el canto de los pájaros y el susurro
San Giovenale se encuentra en la maravillosa región de la Tuscia, embellecida por antiguos y maravillosos paisajes donde aún se respira la fuerte cultura etrusca de la que toma su nombre. Blera, un pequeño y característico pueblo rodeado por el campo remoto, acoge esta bodega casi incorporándola en su abrazo verde. El norte del Lazio, con sus poéticos paisajes que van desde las olas del Mar Tirreno hasta las colinas vitícolas y las montañas, inspira fuertemente al viticultor Marco Casolanetti que, tras la experiencia marchigiana de la Oasi degli Angeli, decide aplicar su filosofía productiva a las tierras de la provincia de Viterbo. La unión entre belleza y sentimiento es el motor que inspira esta bodega con una fuerte inclinación biológica, que tiene el firme objetivo de salvaguardar el territorio y sus viñedos.
San Giovenale cultiva sus Cabernet Franc, Grenache, Sirah y Carignan en suelos con una fuerte componente arcillosa, criándolos en forma de vaso, siguiendo la tradición agrícola que trajo estas vides de España y Francia. Un aspecto digno de mención es la densidad de plantación altísima que lleva a las plantas a un rendimiento bastante bajo en beneficio de la calidad y riqueza de sustancias útiles en fermentación. En el campo se utiliza exclusivamente agua de manantial y productos vegetales, para la salud de las plantas. Las fermentaciones ocurren espontáneamente y todas las etiquetas salen de la bodega después de haber pasado al menos 20 meses en barricas nuevas. La gran atención por el medio ambiente se traduce concretamente en una serie de soluciones de bajo impacto ambiental en la fase productiva, para lograr una sustancial conservación de la energía y sin el uso de combustibles fósiles.
La fuerte personalidad de los tintos de San Giovenale es identificable en la potencia del fruto, con sus efusiones de frutos del bosque en almíbar o en aguardiente y las notas dulces de pasificación, junto a la especiatura leñosa, en un cuerpo cálido, agradable y los taninos acariciantes que caracterizan sus etiquetas. Es una copa que nos transporta en un viaje a través del espacio, en un sorbo parece que estamos en un pueblo etrusco, rodeados por el canto de los pájaros y el susurro








