Baraldo Giacomo
La bodega Giacomo Baraldo nace en San Casciano dei Bagni, en el extremo sur de la provincia de Siena, en un territorio fronterizo dominado por el Monte Cetona. La empresa tiene sus raíces en los años 90 como una realidad agrícola familiar, inicialmente compuesta por bosques, pastos y cultivos, sin ninguna tradición vitivinícola. La chispa por el vino surge durante un almuerzo familiar cuando, al beber dos grandes tintos, Giacomo se abrió a un mundo lleno de aromas y sensaciones indelebles. Giacomo tuvo una epifanía y su curiosidad adolescente se transformó en una vocación precisa. Esta experiencia lo llevará a estudiar viticultura y enología, a plantar la primera viña y a construir, viña tras viña, un proyecto artesanal profundamente ligado a su tierra.
El método de producción refleja un pensamiento libre de etiquetas y definiciones rígidas. La viticultura de Giacomo Baraldo no quiere definirse: nada biológico, biodinámico o convencional, sino solo artesanal. Dedico a la observación, el estudio y la experimentación continua. Las fermentaciones se realizan con levaduras indígenas, el uso de la sulfuroso es ponderado a lo largo de todo el proceso productivo y las vinificaciones evitan prácticas invasivas. La experimentación encuentra su máxima expresión en los vinos fermentados directamente en la viña (un unicum real en el panorama mundial), mientras que el enfoque enológico permanece técnico, directo y pragmático, madurado gracias a las experiencias internacionales entre Burdeos, Borgoña, Patagonia y Nueva Zelanda.
Los vinos de Giacomo Baraldo son el reflejo de un territorio único, marcado por altitudes elevadas, suelos calcáreos y la influencia de las aguas termales que caracterizan San Casciano dei Bagni. En la copa emergen vinos de gran tensión, salinidad y precisión, capaces de unir energía, profundidad y legibilidad territorial, sin excesos extractivos. El Sangiovese de altura es una verdadera marca estilística, con taninos sedosos y frescura vibrante, mientras que los blancos sorprenden por su estructura y dinamismo. Cada etiqueta cuenta una cru, una exposición, una idea de vino sincera e identitaria, pensada para evolucionar con el tiempo y devolver una expresión auténtica de este raro “climat” toscano.
La bodega Giacomo Baraldo nace en San Casciano dei Bagni, en el extremo sur de la provincia de Siena, en un territorio fronterizo dominado por el Monte Cetona. La empresa tiene sus raíces en los años 90 como una realidad agrícola familiar, inicialmente compuesta por bosques, pastos y cultivos, sin ninguna tradición vitivinícola. La chispa por el vino surge durante un almuerzo familiar cuando, al beber dos grandes tintos, Giacomo se abrió a un mundo lleno de aromas y sensaciones indelebles. Giacomo tuvo una epifanía y su curiosidad adolescente se transformó en una vocación precisa. Esta experiencia lo llevará a estudiar viticultura y enología, a plantar la primera viña y a construir, viña tras viña, un proyecto artesanal profundamente ligado a su tierra.
El método de producción refleja un pensamiento libre de etiquetas y definiciones rígidas. La viticultura de Giacomo Baraldo no quiere definirse: nada biológico, biodinámico o convencional, sino solo artesanal. Dedico a la observación, el estudio y la experimentación continua. Las fermentaciones se realizan con levaduras indígenas, el uso de la sulfuroso es ponderado a lo largo de todo el proceso productivo y las vinificaciones evitan prácticas invasivas. La experimentación encuentra su máxima expresión en los vinos fermentados directamente en la viña (un unicum real en el panorama mundial), mientras que el enfoque enológico permanece técnico, directo y pragmático, madurado gracias a las experiencias internacionales entre Burdeos, Borgoña, Patagonia y Nueva Zelanda.
Los vinos de Giacomo Baraldo son el reflejo de un territorio único, marcado por altitudes elevadas, suelos calcáreos y la influencia de las aguas termales que caracterizan San Casciano dei Bagni. En la copa emergen vinos de gran tensión, salinidad y precisión, capaces de unir energía, profundidad y legibilidad territorial, sin excesos extractivos. El Sangiovese de altura es una verdadera marca estilística, con taninos sedosos y frescura vibrante, mientras que los blancos sorprenden por su estructura y dinamismo. Cada etiqueta cuenta una cru, una exposición, una idea de vino sincera e identitaria, pensada para evolucionar con el tiempo y devolver una expresión auténtica de este raro “climat” toscano.









