Hartmann Donà
Hartmann Donà es uno de los viticultores más famosos y apreciados de Alto Adige. Después de completar sus estudios universitarios en enología, desde 1994 hasta 2002 trabajó como enólogo en la bodega de Terlano, contribuyendo a hacer crecer esta importante realidad altoatesina. En 2000 comenzó paralelamente a desarrollar su propio proyecto personal para expresar de manera más libre y completa su idea de vino y su investigación enológica, cada vez más orientada hacia la pureza y la expresión directa de las características peculiares de cada terroir. Siempre ligado a su territorio, desde la infancia ha vivido entre los viñedos y ha saboreado las atmósferas de la vida rural con sus ritmos relacionados con el ciclo de la vid, la cosecha y las vinificaciones. Una impronta que ha marcado su destino con una sedimentación de recuerdos y experiencias, que luego se han vertido en su actividad.
Precisamente el amor por su tierra, ha llevado a Hartmann a desarrollar una sensibilidad y atención particular hacia los elementos fundamentales de la viticultura: el terreno, el clima y las variedades de uva. Tres componentes imprescindibles que deben estudiarse y profundizarse para intentar realizar vinos, no solo de alto nivel cualitativo, sino sobre todo capaces de fusionarlos en unidad y expresar su esencia. Un enfoque que otorga valor a los componentes naturales, dejando el trabajo enológico en segundo plano, con el objetivo de hacer que terroir y variedades de uva se expresen de la manera más directa posible, sin demasiadas superestructuras. Coherente con esta visión, Hartmann ha elegido para su finca territorios particulares, caracterizados por pendientes muy pronunciadas y seleccionados con atención, también en base a la composición de los suelos. Un trabajo parcelario que luego se refleja en sus vinos.
Su filosofía productiva se basa en el respeto por la naturaleza y las características típicas del entorno montañoso. Los suelos pobres y pedregosos, ricos en elementos minerales, la altitud, el clima fresco, son elementos que forman parte del paisaje montañoso y que Hartmann desea transferir con extrema transparencia en sus vinos. Una sintonía con el contexto ambiental, que conduce a la realización de vinos armoniosos, elegantes y caracterizados por la típica frescura del clima alpino. Vinos refinados, lineales y esenciales, que también poseen una excelente longevidad. Cada variedad de uva se cultiva en el lugar más adecuado, de manera que se resalten al máximo sus características.
Hartmann Donà es uno de los viticultores más famosos y apreciados de Alto Adige. Después de completar sus estudios universitarios en enología, desde 1994 hasta 2002 trabajó como enólogo en la bodega de Terlano, contribuyendo a hacer crecer esta importante realidad altoatesina. En 2000 comenzó paralelamente a desarrollar su propio proyecto personal para expresar de manera más libre y completa su idea de vino y su investigación enológica, cada vez más orientada hacia la pureza y la expresión directa de las características peculiares de cada terroir. Siempre ligado a su territorio, desde la infancia ha vivido entre los viñedos y ha saboreado las atmósferas de la vida rural con sus ritmos relacionados con el ciclo de la vid, la cosecha y las vinificaciones. Una impronta que ha marcado su destino con una sedimentación de recuerdos y experiencias, que luego se han vertido en su actividad.
Precisamente el amor por su tierra, ha llevado a Hartmann a desarrollar una sensibilidad y atención particular hacia los elementos fundamentales de la viticultura: el terreno, el clima y las variedades de uva. Tres componentes imprescindibles que deben estudiarse y profundizarse para intentar realizar vinos, no solo de alto nivel cualitativo, sino sobre todo capaces de fusionarlos en unidad y expresar su esencia. Un enfoque que otorga valor a los componentes naturales, dejando el trabajo enológico en segundo plano, con el objetivo de hacer que terroir y variedades de uva se expresen de la manera más directa posible, sin demasiadas superestructuras. Coherente con esta visión, Hartmann ha elegido para su finca territorios particulares, caracterizados por pendientes muy pronunciadas y seleccionados con atención, también en base a la composición de los suelos. Un trabajo parcelario que luego se refleja en sus vinos.
Su filosofía productiva se basa en el respeto por la naturaleza y las características típicas del entorno montañoso. Los suelos pobres y pedregosos, ricos en elementos minerales, la altitud, el clima fresco, son elementos que forman parte del paisaje montañoso y que Hartmann desea transferir con extrema transparencia en sus vinos. Una sintonía con el contexto ambiental, que conduce a la realización de vinos armoniosos, elegantes y caracterizados por la típica frescura del clima alpino. Vinos refinados, lineales y esenciales, que también poseen una excelente longevidad. Cada variedad de uva se cultiva en el lugar más adecuado, de manera que se resalten al máximo sus características.





