Cantina Antonioli
La Bodega Antonioli nace en 2018 cuando Giulia y su esposo Giorgio deciden cambiar de vida y seguir su sueño: vivir de la tierra, dedicarse a la vid y al vino. Compran una casa de campo en las colinas de Gubbio y la transforman en una bodega. Aquí, entre viñedos dispersos y pequeños terrenos de gran valor histórico, renace la viticultura que una vez animó el territorio: variedades antiguas de 120 años en riesgo de erradicación se han convertido en el corazón de un proyecto que quiere valorar la historia y la voz de Umbría en cada botella.
La Bodega Antonioli trabaja las viñas con un método artesanal y en pleno respeto de la naturaleza, siguiendo los principios de la biodinámica y los dictados de la certificación orgánica. La filosofía productiva se basa en un relación diaria con la tierra: observación, sensibilidad e intervenciones mínimas. La bodega trabaja en 18 viñedos de pequeñas dimensiones, cultivados en guyot sobre suelos marnoso-arena y calcáreos, gestionados con técnicas que fomentan la biodiversidad. Los tratamientos se limitan a bajas dosis de cobre, azufre y propóleo, para interferir lo menos posible con la expresividad de las uvas.
Bodega Antonioli durante la vinificación procede con selección manual de los racimos, despalillado en parrilla y fermentaciones espontáneas con levaduras autóctonas. No se realizan clarificaciones, filtraciones ni estabilizaciones, para preservar la integridad del vino. El embotellado y el etiquetado siguen los ciclos lunares, como dictan las prácticas biodinámicas. La producción es una vibrante expresión del territorio umbro y de sus variedades autóctonas. Desde los blancos hasta los tintos, cada botella cuenta la historia de vides antiguas, exalta la pureza del fruto y refleja una intervención medida y cuidadosa del hombre. Taninos delicados, riqueza aromática y gran vitalidad hacen que estos vinos sean perfectos para quienes desean una auténtica interpretación de Umbría.
La Bodega Antonioli nace en 2018 cuando Giulia y su esposo Giorgio deciden cambiar de vida y seguir su sueño: vivir de la tierra, dedicarse a la vid y al vino. Compran una casa de campo en las colinas de Gubbio y la transforman en una bodega. Aquí, entre viñedos dispersos y pequeños terrenos de gran valor histórico, renace la viticultura que una vez animó el territorio: variedades antiguas de 120 años en riesgo de erradicación se han convertido en el corazón de un proyecto que quiere valorar la historia y la voz de Umbría en cada botella.
La Bodega Antonioli trabaja las viñas con un método artesanal y en pleno respeto de la naturaleza, siguiendo los principios de la biodinámica y los dictados de la certificación orgánica. La filosofía productiva se basa en un relación diaria con la tierra: observación, sensibilidad e intervenciones mínimas. La bodega trabaja en 18 viñedos de pequeñas dimensiones, cultivados en guyot sobre suelos marnoso-arena y calcáreos, gestionados con técnicas que fomentan la biodiversidad. Los tratamientos se limitan a bajas dosis de cobre, azufre y propóleo, para interferir lo menos posible con la expresividad de las uvas.
Bodega Antonioli durante la vinificación procede con selección manual de los racimos, despalillado en parrilla y fermentaciones espontáneas con levaduras autóctonas. No se realizan clarificaciones, filtraciones ni estabilizaciones, para preservar la integridad del vino. El embotellado y el etiquetado siguen los ciclos lunares, como dictan las prácticas biodinámicas. La producción es una vibrante expresión del territorio umbro y de sus variedades autóctonas. Desde los blancos hasta los tintos, cada botella cuenta la historia de vides antiguas, exalta la pureza del fruto y refleja una intervención medida y cuidadosa del hombre. Taninos delicados, riqueza aromática y gran vitalidad hacen que estos vinos sean perfectos para quienes desean una auténtica interpretación de Umbría.










