Hervé Villemade
El Domaine Hervé Villemade es una de las realidades más emblemáticas del Loira central, en el corazón de la denominación Cheverny, una tierra vitícola hecha de bosques, ríos y claros que protegen las viñas como un anfiteatro natural. Las raíces de la bodega se remontan a los años treinta, cuando los abuelos Désiré y Gilberte comienzan a cultivar la tierra. Sin embargo, será Hervé quien tome en sus manos el ‘domaine y, desde 1995, lo dirija en una dirección clara y radical. Junto a su hermana Isabelle, Hervé decide romper con la viticultura convencional y apostar todo por la calidad, la botella y la expresión más sincera de las variedades locales.
La filosofía productiva de Hervé Villemade es una declaración de amor por su territorio, pero también por el suelo, la planta y el tiempo. Desde 1999, las viñas se cultivan de manera orgánica certificada, con prácticas que también miran hacia la biodinámica: nada de química sintética, trabajos del suelo, cubiertas elegidas y gran atención al equilibrio natural. Los rendimientos son deliberadamente bajos y la cosecha es manual, para preservar la integridad del fruto. En la bodega, el enfoque es igualmente meticuloso y minimalista: fermentaciones espontáneas con levaduras autóctonas, ninguna clarificación o filtración invasiva, uso de sulfitos reducido al mínimo indispensable en el embotellado. El objetivo no es “construir” el vino, sino acompañarlo, dejando que sean el añada y el viñedo los que hablen.
En la copa, los vinos de Hervé Villemade son una expresión clara del Loira menos obvio. Los blancos, desde Cheverny hasta Cour-Cheverny a base de la rara autóctona Romorantin, destacan por su tensión, precisión aromática y una bebibilidad cristalina, donde fruta y frescura se entrelazan sin excesos. Los tintos, a menudo basados en Pinot Noir, Gamay y Côt (es decir, Malbec), son sutiles, jugosos, más enfocados en la elegancia que en la potencia. Son vinos “leales”, como le gusta decir a Hervé: honestos, vivos, capaces de contar su lugar de origen y de ofrecer un placer inmediato pero nunca banal. Un Loira auténtica, artesanal pero profundamente contemporánea








