Ricci Daniele
La bodega Ricci en Costa Vescovado en los Colli Tortonesi, históricamente llamada Cascina San Leto, existe desde 1929, cuando la abuela Clementina y el abuelo Carlo la vivían como una granja integral, acompañando a los viñedos con animales y trigo. En los años venideros, ese profundo vínculo con la tierra se desató, gracias al contexto económico cambiado y la competencia siempre crítica con otras zonas vitivinícolas de Piemonte. Daniele, al igual que su padre, vivió gran parte de su vida lejos de ese pequeño trozo de tierra inmaculada, trabajando como peón a lo largo de la Milano-Serravalle. Hoy, a 15 años de distancia, esa autopista es recorrida por cada vez más apasionados del vino, jóvenes y veteranos, conservadores y vin-naturalistas, para visitar a ese viticultor que reinterpretó el Timorasso de manera imaginativa y ecléctica. Hace diez años vino Walter Massa y devolvió a la fama la zona de producción del Tortonese, hoy que ese terroir ha logrado atraer a productores y empresarios que, de manera más o menos noble, han invertido en el Derthona, había necesidad de que alguien capaz de dar un nuevo seguimiento al asunto, inaugurando de hecho el universo del Timorasso 2.0.
No hacen falta demasiadas palabras: Daniele Ricci es el viticultor anárquico, revolucionario y contracorriente de los Colli Tortonesi. El que juega con las largas maceraciones en las pieles, que afina en ánforas enterradas, que elimina el uso de levaduras seleccionadas y que no clarifica. Pero no basta con posicionarse fuera del coro para recibir de rebote estima y consideración favorable, hay que ser minuciosos y curiosos, sinceramente competentes, conscientes de lo que se experimenta: Daniele es todo esto y más. No puede dejar de arriesgar y de jugarse, nunca se ha sentido tan vivo como ahora y hace todo lo posible por dejar en herencia a su hijo Mattia, hoy estudiante de Enología, una tierra llena de energía como él. Su proyecto agrícola artesanal se basa en principios de respeto por la vid y por la vida; abraza en las 10 hectáreas de viñedo los dictados de la agricultura biológica, certificada por el ente Bios y trabaja en la bodega con una perspectiva de no intervención, dejando que sea la naturaleza espontánea la que siga su curso.
Conocido por muchos como el Timorasso Boy del presente, ha logrado sin embargo transferir su coraje mezclado con saber también a la producción de tintos, de variedades tradicionales como Barbera y Croatina, aprovechando la marga tortoniana, de la que son ricos los suelos en Costa Vescovado, como fuente natural de fineza y evolución. El desafío de Daniele es saber esperar, tener la paciencia de esperar incluso años antes de comercializar sus etiquetas, con el fin de ofrecer a los consumidores finales, copas inolvidables de artesanía caleidoscópica.
La bodega Ricci en Costa Vescovado en los Colli Tortonesi, históricamente llamada Cascina San Leto, existe desde 1929, cuando la abuela Clementina y el abuelo Carlo la vivían como una granja integral, acompañando a los viñedos con animales y trigo. En los años venideros, ese profundo vínculo con la tierra se desató, gracias al contexto económico cambiado y la competencia siempre crítica con otras zonas vitivinícolas de Piemonte. Daniele, al igual que su padre, vivió gran parte de su vida lejos de ese pequeño trozo de tierra inmaculada, trabajando como peón a lo largo de la Milano-Serravalle. Hoy, a 15 años de distancia, esa autopista es recorrida por cada vez más apasionados del vino, jóvenes y veteranos, conservadores y vin-naturalistas, para visitar a ese viticultor que reinterpretó el Timorasso de manera imaginativa y ecléctica. Hace diez años vino Walter Massa y devolvió a la fama la zona de producción del Tortonese, hoy que ese terroir ha logrado atraer a productores y empresarios que, de manera más o menos noble, han invertido en el Derthona, había necesidad de que alguien capaz de dar un nuevo seguimiento al asunto, inaugurando de hecho el universo del Timorasso 2.0.
No hacen falta demasiadas palabras: Daniele Ricci es el viticultor anárquico, revolucionario y contracorriente de los Colli Tortonesi. El que juega con las largas maceraciones en las pieles, que afina en ánforas enterradas, que elimina el uso de levaduras seleccionadas y que no clarifica. Pero no basta con posicionarse fuera del coro para recibir de rebote estima y consideración favorable, hay que ser minuciosos y curiosos, sinceramente competentes, conscientes de lo que se experimenta: Daniele es todo esto y más. No puede dejar de arriesgar y de jugarse, nunca se ha sentido tan vivo como ahora y hace todo lo posible por dejar en herencia a su hijo Mattia, hoy estudiante de Enología, una tierra llena de energía como él. Su proyecto agrícola artesanal se basa en principios de respeto por la vid y por la vida; abraza en las 10 hectáreas de viñedo los dictados de la agricultura biológica, certificada por el ente Bios y trabaja en la bodega con una perspectiva de no intervención, dejando que sea la naturaleza espontánea la que siga su curso.
Conocido por muchos como el Timorasso Boy del presente, ha logrado sin embargo transferir su coraje mezclado con saber también a la producción de tintos, de variedades tradicionales como Barbera y Croatina, aprovechando la marga tortoniana, de la que son ricos los suelos en Costa Vescovado, como fuente natural de fineza y evolución. El desafío de Daniele es saber esperar, tener la paciencia de esperar incluso años antes de comercializar sus etiquetas, con el fin de ofrecer a los consumidores finales, copas inolvidables de artesanía caleidoscópica.















