Villa Sparina
Para contar la historia de Villa Sparina, el mejor punto de partida son sus bodegas: las grandes bóvedas que datan del siglo XVIII que se extienden en los sótanos de la Tenuta son un testimonio vivo de su pasado vitivinícola y de cómo hoy esa vocación sigue expresándose en sus botellas. La Villa, que fue propiedad de los Marqueses Franzoni de Génova, ha conocido un nuevo impulso enológico cuando en 1954 fue adquirida por la familia Moccagatta, que la ha convertido en una verdadera joya entre las colinas de Monterotondo. La primera cosecha de la tenuta data de 1974 y desde entonces su producción se ha caracterizado por un fuerte enfoque en la calidad sin compromisos, lo que le ha permitido definir una identidad clara en cada sorbo.
Villa Sparina cuenta con aproximadamente 100 hectáreas de propiedad que rodean la tenuta, de las cuales aproximadamente 65 son superficie cultivada rodeada de bosques. Aquí, bajo los rayos del sol y acariciadas por las brisas provenientes del Mar Ligure, maduran las variedades autóctonas de Cortese y Barbera que, gracias a procesos de vinificación modernos y creativos, dan vida a una producción elegante, sorprendente y longeva, que se ha convertido a lo largo de los años en la mejor representación de la Bodega. La familia Moccagatta ha reconstruido la fuerte identidad histórica de la Villa, aprovechando su pasado y sentando las bases para un futuro sólido.
El estilo inconfundible y territorial de Villa Sparina se manifiesta no solo en la continua búsqueda de la excelencia cosecha tras cosecha, sino también -literalmente- en sus botellas. Su forma particular, inspirada en antiguas botellas encontradas durante la renovación de la Tenuta, está al servicio de la sustancia: redonda pero con buena estructura, armoniosa y característica como el néctar que albergan. También la elección del color no se deja al azar, sino que evoca el típico de la maduración de la uva Cortese y confirma la más firme de las filosofías de la Villa: el vino es un principio creativo. Fuerte de esta creencia, la bodega ha sabido invertir con técnica en su continua innovación, buscando continuamente honrar la viña y sus frutos.
Para contar la historia de Villa Sparina, el mejor punto de partida son sus bodegas: las grandes bóvedas que datan del siglo XVIII que se extienden en los sótanos de la Tenuta son un testimonio vivo de su pasado vitivinícola y de cómo hoy esa vocación sigue expresándose en sus botellas. La Villa, que fue propiedad de los Marqueses Franzoni de Génova, ha conocido un nuevo impulso enológico cuando en 1954 fue adquirida por la familia Moccagatta, que la ha convertido en una verdadera joya entre las colinas de Monterotondo. La primera cosecha de la tenuta data de 1974 y desde entonces su producción se ha caracterizado por un fuerte enfoque en la calidad sin compromisos, lo que le ha permitido definir una identidad clara en cada sorbo.
Villa Sparina cuenta con aproximadamente 100 hectáreas de propiedad que rodean la tenuta, de las cuales aproximadamente 65 son superficie cultivada rodeada de bosques. Aquí, bajo los rayos del sol y acariciadas por las brisas provenientes del Mar Ligure, maduran las variedades autóctonas de Cortese y Barbera que, gracias a procesos de vinificación modernos y creativos, dan vida a una producción elegante, sorprendente y longeva, que se ha convertido a lo largo de los años en la mejor representación de la Bodega. La familia Moccagatta ha reconstruido la fuerte identidad histórica de la Villa, aprovechando su pasado y sentando las bases para un futuro sólido.
El estilo inconfundible y territorial de Villa Sparina se manifiesta no solo en la continua búsqueda de la excelencia cosecha tras cosecha, sino también -literalmente- en sus botellas. Su forma particular, inspirada en antiguas botellas encontradas durante la renovación de la Tenuta, está al servicio de la sustancia: redonda pero con buena estructura, armoniosa y característica como el néctar que albergan. También la elección del color no se deja al azar, sino que evoca el típico de la maduración de la uva Cortese y confirma la más firme de las filosofías de la Villa: el vino es un principio creativo. Fuerte de esta creencia, la bodega ha sabido invertir con técnica en su continua innovación, buscando continuamente honrar la viña y sus frutos.












