Terpin Franco
Franco Terpin es un hombre importante. Quinto de seis hermanos, se presenta con un aspecto imponente: sincero y directo, abierto al diálogo y listo para la broma, a través de las marcas que lleva en las manos expresa con orgullo su laboriosa pertenencia a la tierra de origen. La pasión por la viticultura proviene de una tradición familiar que se remonta a los años setenta. Sin embargo, solo a principios de los años noventa, el padre de Franco decide iniciar la aventura de las vinificaciones propias y el embotellado bajo el nombre de su propia empresa. Es el momento en que cambia su percepción del entorno y de la sensibilidad del viticultor, comenzando a alejarse del uso de productos químicos. La calidad y el cuidado de los vinos se convierten en el nuevo mantra a seguir, distanciándose del mero discurso cuantitativo exigido por el mercado: es imprescindible que surja la necesidad de dedicarse a la cuidado de las vides y de las uvas, reconocidas como el verdadero patrimonio que une las etiquetas a la tierra. La actividad de carácter familiar involucra a su esposa Daniela y a sus dos hijas, Sara y Valentina.
Franco Terpin reside en la localidad de Valerisce, en el municipio de San Floriano del Collio, un territorio dibujado por pendientes movidos, encajonados entre el valle del río Isonzo y la frontera eslovena que se encuentra a pocos pasos. En las alturas del monte Calvario, a modestos altitudes que rozan los 200 metros, el viñedo se extiende sobre una superficie de aproximadamente 10 hectáreas y está poblado por las variedades emblemáticas de la zona: Ribolla Gialla, Pinot Grigio y el Friulano, que por las notables vicisitudes burocráticas ha tenido que cambiar su nombre original de Tocai y ahora se etiqueta, no sin cierta ironía, Jakot. Completa el cuadro algunos internacionales que ya son de casa en este rincón de Venezia Giulia: Chardonnay y Sauvignon Blanc, Merlot y Cabernet Sauvignon. La tierra representa la verdadera peculiaridad de la región: estratificación de margas, areniscas y arcillas de época eocénica, localmente conocida como ponka y así íntimamente conectada al carácter de los vinos que de ella derivan. El trabajo en el campo se realiza siguiendo el natural curso de las estaciones, sin ningún tipo de forzamiento y sin ningún uso de productos de síntesis.
En bodega, Franco Terpin persigue siempre la idea de una vinificación en contacto con las pieles, incluso en lo que respecta a los blancos, y fermentaciones llevadas a cabo por las únicas levaduras autóctonas. Tres son las líneas realizadas, etiquetas bien diferenciadas gráficamente que expresan diferentes grados de complejidad: la joya de la corona está representada por el cru Sialis, un micro viñedo de 70 años del que se origina el Pinot Grigio rosado. A continuación encontramos la gama Terpin, compuesta por creaciones monovarietales y finalmente Quinto Quarto, entendidos como los vinos más inmediatos, fruto de ensamblajes así como de vinificaciones en pureza.
Franco Terpin es un hombre importante. Quinto de seis hermanos, se presenta con un aspecto imponente: sincero y directo, abierto al diálogo y listo para la broma, a través de las marcas que lleva en las manos expresa con orgullo su laboriosa pertenencia a la tierra de origen. La pasión por la viticultura proviene de una tradición familiar que se remonta a los años setenta. Sin embargo, solo a principios de los años noventa, el padre de Franco decide iniciar la aventura de las vinificaciones propias y el embotellado bajo el nombre de su propia empresa. Es el momento en que cambia su percepción del entorno y de la sensibilidad del viticultor, comenzando a alejarse del uso de productos químicos. La calidad y el cuidado de los vinos se convierten en el nuevo mantra a seguir, distanciándose del mero discurso cuantitativo exigido por el mercado: es imprescindible que surja la necesidad de dedicarse a la cuidado de las vides y de las uvas, reconocidas como el verdadero patrimonio que une las etiquetas a la tierra. La actividad de carácter familiar involucra a su esposa Daniela y a sus dos hijas, Sara y Valentina.
Franco Terpin reside en la localidad de Valerisce, en el municipio de San Floriano del Collio, un territorio dibujado por pendientes movidos, encajonados entre el valle del río Isonzo y la frontera eslovena que se encuentra a pocos pasos. En las alturas del monte Calvario, a modestos altitudes que rozan los 200 metros, el viñedo se extiende sobre una superficie de aproximadamente 10 hectáreas y está poblado por las variedades emblemáticas de la zona: Ribolla Gialla, Pinot Grigio y el Friulano, que por las notables vicisitudes burocráticas ha tenido que cambiar su nombre original de Tocai y ahora se etiqueta, no sin cierta ironía, Jakot. Completa el cuadro algunos internacionales que ya son de casa en este rincón de Venezia Giulia: Chardonnay y Sauvignon Blanc, Merlot y Cabernet Sauvignon. La tierra representa la verdadera peculiaridad de la región: estratificación de margas, areniscas y arcillas de época eocénica, localmente conocida como ponka y así íntimamente conectada al carácter de los vinos que de ella derivan. El trabajo en el campo se realiza siguiendo el natural curso de las estaciones, sin ningún tipo de forzamiento y sin ningún uso de productos de síntesis.
En bodega, Franco Terpin persigue siempre la idea de una vinificación en contacto con las pieles, incluso en lo que respecta a los blancos, y fermentaciones llevadas a cabo por las únicas levaduras autóctonas. Tres son las líneas realizadas, etiquetas bien diferenciadas gráficamente que expresan diferentes grados de complejidad: la joya de la corona está representada por el cru Sialis, un micro viñedo de 70 años del que se origina el Pinot Grigio rosado. A continuación encontramos la gama Terpin, compuesta por creaciones monovarietales y finalmente Quinto Quarto, entendidos como los vinos más inmediatos, fruto de ensamblajes así como de vinificaciones en pureza.












